agosto 26, 2026
Los trastornos del aprendizaje: un desafío invisible

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El año escolar inicia y miles de niños habrán de enfrentar en silencio una batalla que se confundirá con desinterés, indisciplina, dejadez y vagancia. Esa es una realidad que se vivirá tanto con las precariedades y carencias de las escuelas públicas, como con la opulencia y el prestigio de los colegios privados.

La razón es simple: alrededor del 3% al 10% de la población infantil está afectada de al menos uno de los trastornos del aprendizaje que afectan la adquisición y utilización de habilidades académicas como lectura, escritura, matemáticas u otros.

La verdad es que la dislexia, la disgrafía y la discalculia podrían presentarse en niños con inteligencia normal o superior y cuando no se detectan a tiempo pueden generar frustración, ansiedad, rechazo, deserción escolar y deterioro del rendimiento académico.

Pero la dislexia merece especial atención, porque un meta análisis internacional encontró una prevalencia de 7.1% en niños de la educación primaria. Esto significa que, desde el punto de vista estadístico, no estamos ante una condición excepcional.

El autor es médico. Reside en Santiago Rodríguez

Es por ello que el gobierno a través del Ministerio de Educación debe implementar programas de tamizaje, protocolos de detección temprana, capacitación docente, equipos multidisciplinarios y mecanismos de seguimiento para garantizar que la atención no dependa exclusivamente de la capacidad económica de cada familia.

Profesores, psicólogos escolares, psicopedagogos, neuropsicólogos, terapeutas del lenguaje y especialistas en trastornos del aprendizaje deben ser integrados a programas especializados que les permita realizar evaluaciones multidimensionales e indicar intervenciones individualizadas basadas en evidencia.

La inversión del 4% del PIB debe traducirse en un impacto real sobre la calidad de los aprendizajes y para lograr esta meta, el sistema educativo habrá de fortalecer la detección sistemática y temprana de estos trastornos del neurodesarrollo.

Debo resaltar, que la excelencia educativa no se mide solamente por el costo del colegio, tecnologías, currículum internacional o las instalaciones. Se mide también por la capacidad de identificar y atender las diferencias neurocognitivas de cada estudiante.

Desde la perspectiva pediátrica y neuropsicológica, el problema no debe reducirse a las calificaciones, porque un niño inteligente puede presentar alteraciones específicas en el procesamiento fonológico, memoria de trabajo, automatización lectora, velocidad de procesamiento y de razonamiento numérico.

Como pediatra clínico pienso que ante esta realidad se debe abandonar el modelo de “esperar y ver”, para de esa manera detectar oportunamente y en el mismo salón de clases a los niños que no aprenden bien. ¡Ese es el desafío!

jpm-am 

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