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La ciencia ha documentado más de 3,500 especies de mosquitos en el planeta. Cada día nacen multimillonarias cantidades de estos insectos, en su mayoría con una vida muy corta comparada con la del ser humano: oscila entre dos semanas y un par de meses.
Ante tal situación, cabe preguntarse: ¿cuál es el plan de la naturaleza para que nazcan tantas criaturas como estas y, al mismo tiempo, desaparezcan tan rápido?
La mayoría de las personas no ven ninguna función útil en un mosquito. De hecho, la respuesta automática suele ser calificarlo como una molestia o como transmisor de plagas fatales como el dengue o la malaria. Sin embargo, reducir la función del mosquito a un simple vehículo de enfermedad equivale a mirar estas especies a través de un orificio muy estrecho.
En la biología se tiene claro que los mosquitos cumplen con funciones ecológicas esenciales tales como: son alimentos clave en cadenas alimentarias, polinizadores y recicladores de nutrientes en ecosistemas acuáticos. Además, tienen un rol directo en la evolución genética. Aunque transmiten enfermedades, su desaparición alteraría significativamente el equilibrio natural.

En este texto se hará énfasis en la perspectiva de la interacción bioquímica y la evolución; lo cual permitirá ver de una forma diferente la picadura de un mosquito.
La gran mayoría de las picaduras que recibimos a lo largo de nuestra vida no resultan en enfermedad alguna. Esto ocurre porque el mosquito no inyecta sangre, sino una compleja mezcla de sustancias químicas en su saliva.
Entre ellas hay anticoagulantes y enzimas que estimulan nuestro sistema inmunitario. Esta exposición continua nos entrena para reaccionar de forma más adaptativa ante las propias sustancias del insecto y sus respuestas inflamatorias.
Regulador biológico
Más allá del ámbito inmunológico, los mosquitos actúan en la naturaleza como un regulador biológico. Al interactuar con el entorno y ser capaces de albergar ciertos virus, someten a los seres vivos a un reto de adaptación constante. La virología moderna nos enseña que no todos los virus son enemigos mortales; en el gran esquema de la vida, son los principales agentes de la “transferencia horizontal de genes”.
Aunque el mosquito no transporta ADN directamente de un ser a otro, los virus con los que convive sí han ayudado a transformar el material genético y la variabilidad de las especies a lo largo de millones de años.
Con esta reflexión no se pretende, de ninguna manera, justificar ni agradecer las picaduras, ni ignorar el impacto negativo de las enfermedades que transmiten los mosquitos. No obstante, recuerde que si un mosquito pica a una persona sana y luego pica a otra persona sana, inicialmente no hay ningún inconveniente.
Lo que aquí se busca es hacer un llamado de atención a la comunidad científica y académica: quizás la ciencia deba dedicar un mayor esfuerzo a valorar el papel de los mosquitos en el equilibrio natural. La inmensa cantidad de veces que somos picados sin enfermar sugiere que estos pequeños insectos cumplen una función silenciosa como motores de adaptación en la red de la vida.
huco71@gmail.com
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