
Escuchar artículo
Durante años de trabajo comunitario desde la Fundación Todo es Posible he recorrido barrios y comunidades, escuchando a su gente y observando problemas que muchas veces terminamos aceptando como parte normal de nuestra vida. Uno de ellos está literalmente debajo de nuestros pies: hemos ido perdiendo las aceras.
Basta caminar por diferentes sectores del Gran Santo Domingo para encontrar vehículos estacionados sobre ellas, talleres que las utilizan como áreas de reparación, motocicletas, mercancías, materiales de construcción, puestos improvisados y hasta vehículos abandonados durante meses o años.
¿Dónde queda entonces el peatón?
La respuesta es preocupante: en demasiados casos, en la calle.
Y cuando obligamos a una persona a abandonar la acera para caminar entre automóviles y motocicletas, un problema aparentemente pequeño puede convertirse en una tragedia.
Pensemos en nuestros niños. Cada mañana miles caminan hacia sus escuelas con sus mochilas. Si encuentran una acera bloqueada, deben bajar a la vía y exponerse al tránsito. Pensemos también en una madre empujando un coche de bebé, en nuestros envejecientes o en una persona con discapacidad que utiliza una silla de ruedas.
No estamos hablando de una exageración. Un estudio realizado en 14 sectores del Distrito Nacional encontró algún tipo de obstrucción en el 83 % de las aceras examinadas y determinó que el 61 % de los tramos peatonales estudiados no permitía el desplazamiento de una persona con discapacidad o en silla de ruedas.

La situación tampoco ha desaparecido. Recorridos periodísticos realizados durante 2026 han documentado nuevamente aceras ocupadas por comercios, vehículos y materiales en distintos puntos del Gran Santo Domingo.
Tenemos incluso una ley bastante clara. La Ley 63-17 define la acera como el espacio destinado exclusivamente al uso de peatones y prohíbe estacionar vehículos sobre ella.
Entonces debemos hacernos una pregunta incómoda: si tenemos aceras y tenemos leyes, ¿por qué el peatón continúa perdiendo su espacio?
Necesitamos una gran recuperación de las aceras dominicanas
Los ayuntamientos, junto al INTRANT, la DIGESETT, las juntas de vecinos, organizaciones comunitarias y comerciantes, podrían desarrollar un programa
permanente para identificar obstáculos, retirar vehículos abandonados, organizar talleres y negocios que ocupan espacios peatonales, recuperar aceras deterioradas y garantizar accesibilidad para las personas con discapacidad.
También podríamos disponer de una plataforma sencilla donde cualquier ciudadano fotografíe una acera bloqueada, indique su ubicación y la autoridad correspondiente reciba automáticamente el reporte.
Primero educación y orientación. Después, un plazo razonable para corregir. Finalmente, cumplimiento firme de la ley.
Porque una ciudad moderna no puede medirse solamente por sus elevados, túneles, metros, edificios y grandes avenidas. También debe medirse por algo mucho más sencillo: que un niño pueda salir de su casa y llegar caminando a su escuela sin tener que arriesgar la vida.
Recuperemos las aceras.
Caminar con seguridad no puede ser un privilegio. Es un derecho.
jpm-am
Compártelo en tus redes:
ALMOMENTO.NET publica los artículos de opinión sin hacerles correcciones de redacción. Se reserva el derecho de rechazar los que estén mal redactados, con errores de sintaxis o faltas ortográficas.
