
Por: OLIVER ROOSEVELT SÁNCHEZ GUILLÉN
La República Dominicana, y de manera muy especial la región del Cibao, convive diariamente con una alta actividad sísmica. Esto se debe a que el territorio está atravesado por numerosas fallas geológicas activas. De todas ellas, la más importante, extensa y peligrosa es la Zona de Falla Septentrional (ZFS).
Si la Falla Septentrional generara un sismo de gran magnitud, la región del Cibao sufriría el mayor impacto. Ciudades densamente pobladas como Santiago de los Caballeros, San Francisco de Macorís, La Vega, Salcedo, Moca y Nagua se encuentran a muy pocos kilómetros de esta amenaza.
El verdadero peligro radica en el tiempo que la falla lleva acumulando energía. En 1995, un estudio profundo liderado por la geóloga Carol Prentice, del Servicio Geológico de Estados Unidos, reveló que el último gran terremoto en el tramo central de la falla (entre Licey y Cenoví) ocurrió alrededor del año 1200 d.C. Esto significa que esta zona lleva más de 820 años sin liberar energía.
A este escenario se suma una vulnerabilidad geológica: el tipo de suelo del Cibao. La región es rica en terrenos limosos y arcillosos (suelos blandos), los cuales actúan como un amplificador natural de los temblores. Cuando ocurre un sismo, se liberan varios tipos de ondas (como las ondas Primarias y Secundarias).
