febrero 28, 2026

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EL AUTOR es periodista. Reside en Santo Domingo.

   Es verdad que el turismo está creciendo, pero no es nada nuevo y las atractivas infraestructuras que hay en el Este del país fueron levantadas por el sector privado. Inclusive el crecimiento pudiera ser superior si el país registrara mayor seguridad ciudadana, un servicio eléctrico eficiente, tránsito vehicular organizado y mantenimiento del sistema pluvial y de alcantarillado, entre otros problemas que ameritan corrección.

    El discurso que pronunció el presidente Abinader, ante la Asamblea Nacional, contiene verdades a medias, pero la mayoría de estadísticas ofrecidas, sobre los múltiples aspectos abordados, se basan en la manipulación y el maquillaje, sin mencionar para nada, como si fuéramos una especie de paraíso, los graves problemas que atraviesa la sociedad dominicana.

    Este es un gobierno incapaz de organizar un tránsito vehicular que se torna cada vez más caótico, que vergonzosamente se nos ubica entre los países donde peor se conduce y que menos se respeta la ley de circulación a nivel mundial, lo que provoca una de las mayores tasas de accidentes. 

    Es que en ningún momento desde el INTRANT se ha trabajado en base a un plan técnico ni el gobierno ha construido, en estos más de cinco años, las obras que amerita el gran Santo Domingo y las provincias del país, para facilitar el descongestionamiento, aparte de que no hay planificación en torno a las importaciones de automóviles, que entran millares cada año y sin construir nuevas avenidas, pasos a desnivel, elevados, puentes y carreteras.

    Ese es un aspecto grave, como grave se torna conseguir un parqueo en ciertas áreas de la ciudad donde hay oficinas estatales. ¿Ese no es un problema para Abinader, que duró más de dos horas hablando de un país que en nada se parece al que vivimos?

    La República Dominicana es un país en el cual no puede caer un aguacero de dos horas, porque al ocurrir se produce una tragedia al inundarse todas las calles, vehículos ahogados y en ocasiones hasta pérdida de vidas humanas. Es una realidad irrefutable que no debió, deliberadamente, omitir. Lo aconsejable era aprovechar el escenario para dar órdenes precisas a los órganos competentes para la solución de ese problema.

    El sector educación sigue siendo deficiente, pero el presidente evade admitirlo. El nivel de la educación pública es pobre y queda comprobado cuando nuestros alumnos participan en competencias internacionales sobre matemática y gramática. Es un servicio público que amerita una revolución basada en un plan técnico en el que participen expertos nacionales e internacionales. El 4% no ha servido para beneficiar a la población, sí para incremento de corrupción pública.

teleprónter

    Hay que reconocer que Luis Abinader es muy bueno leyendo por teleprónter (teleprómpter en inglés) discursos que les elaboran otros, pero el déficit en el servicio de salud pública es demasiado evidente, porque los hospitales en todo el país están en abandono y las farmacias populares tienen más de cinco años desabastecidas, la gente pobre va buscando medicinas y no encuentra ni calmantes. Es un dato que está fuera de discusión.

   Además, el problema no era convertir en ministerio lo que se llamaba INVI, es construir viviendas económicas en todo el país para combatir la pobreza de verdad, naturalmente mejorando servicios de salud y educación y bajando los niveles de desempleo. Nada.

    ¿Cómo es posible hablar tantas mentiras al país? La realidad es que en lo más de cinco años que tiene Abinader como presidente al sector eléctrico se le ha entregado más de seis mil millones de dólares y el servicio continúa siendo inestable, porque no se han levantado nuevas plantas ni se ofrece el mantenimiento requerido a las que tenemos. 

    Cualquier presidente que se respete hubiera dispuesto una auditoría. Es lo que requiere, pero no se atreve, porque los propios funcionarios de ese sector fueron impuestos por una poderosa familia que también hace negocios con la energía.

    Es la misma familia que, conjuntamente con otras de la oligarquía dominicana, impusieron al gobernador del Banco Central y actual ministro de Hacienda. Es como si se estuviera poniendo a Lutero al frente de la iglesia, al tiempo que a la población se engaña con datos retorcidos.

    Abinader, en su discurso, resalta la construcción de una verja fronteriza que ni siquiera se ha concluido. De todos modos, ahí no es que está el problema, porque hay más indocumentados que nunca, producto de la mafia militar imperante en la zona, cónsules vende visas (visas de paseo, de permanencia breve) y agentes de Migración que hacen su agosto, entre otros elementos causales responsables de la situación, que el presidente conoce bien, porque es el dominicano mejor informado. 

    También el presidente presumió su combate a la corrupción pública, pero ese salón estaba lleno de funcionarios involucrados en actos dolosos que él (Abinader) ni siquiera destituye por múltiples razones.

    Se contradice, al mismo tiempo, cuando habla de fortalecimiento de las instituciones y todavía se combate la inseguridad ciudadana con ejecuciones extrajudiciales a jóvenes rateros de los barrios pobres que carecen de oportunidades y provienen regularmente de hogares desintegrados.

    Matar a esos muchachos, a través de la policía, es violatorio a la ley. Es un método más criminal que los posibles crímenes que cometen esos jóvenes, en un país en el que se habla de presunción de inocencia, debido proceso y supuestamente todos tenemos derecho a la defensa.

    Muchos, me imagino, se sienten decepcionado con el discurso, porque posiblemente se quedaron esperando alguna justificación que haría el jefe de Estado al festival de empréstitos tomados en el ámbito internacional. No dijo nada y cuando alguien le pregunta suele molestarse, porque se resiste a ofrecer explicación al respeto y al crecimiento de la deuda externa, como tampoco da explicación en torno al destino de los 775 millones de dólares recibidos como avance del contrato con Aerodom.

     Abinader hábilmente evadió, asimismo, tratar el costo de los productos de la canasta familiar, cuyos precios no se detienen desde que llegó a la Presidencia de la República. Como él dice ser economista sería indicado, para ilustrar mejor a la opinión pública, que acuda a un debate con estudiosos del área que aseguran que el poder adquisitivo se ha reducido.

    Finalmente, nuestro jefe de Estado tuvo la osadía de celebrar el Día de la Independencia Nacional, que es precisamente el 27 de Febrero, a pesar de que todavía tenemos en nuestras mentes que fue el propio Abinader que suscribió un acuerdo con Estados Unidos concediendo los aeropuertos a esa nación, en violación a soberanía nacional, que sirvió para la intervención a Venezuela el 2 de enero pasado y el secuestro de su presidente, con el que usted puede estar o no de acuerdo, pero es un jefe de Estado constitucional y en ejercicio, aspectos que condenan todos los tratados y leyes internacionales.

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