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Por JOSE DIAZ NIN
El gobierno dominicano gasta millones y millones de pesos, de los recursos de este pueblo, en: un proceso de regularización, en mantener un control fronterizo y en ofrecer servicios médicos y escolares, que no dejan ver, la posible solución de los problemas que están generando la inmigración irregular e ilegal de haitianos a la República Dominicana, siendo lo más preocupante, de todo esto, la entrada, tan fácil, de esos inmigrantes sin ninguna documentación. Cientos deportan y miles entran.
Muchos entienden que ni el gobierno dominicano ni la población dominicana se han detenido a evaluar las consecuencias de este incontrolable trasiego de indocumentados hacia nuestro territorio.
Consecuencias como lo son: el problema de salubridad, el ambiental, el de la seguridad ciudadana, el tráfico ilegal de mercancías, armas, sustancias, el aumento de la delincuencia, el desplazamiento de muchos dominicanos en la economía informal y, porque no, el del irrespeto a nuestros valores patrio, de algunos desaprensivos haitianos, a través de las redes sociales.
Lo lamentable de todo esto es que el dominicano duerme y cuando despierte, un día, ya será muy tarde y entonces será muy difícil de resolver ese grave problema que acarrea esta desbordante e ilegal inmigración haitiana. Esto sin dejar de mencionar, la relación cultural y los elevados flujos migratorios que es uno de los temas más debatidos por la sociología, la política y la economía de estos tiempos.
Cuando esa excesiva inmigración supera la capacidad de absorción de una sociedad receptora, de forma repentina, se generan complejas dinámicas de fricción, transformación e intercambio cultural teniendo esto, de forma inmediata, un impacto en la presión de los servicios públicos, escuelas y urbanismo antes de que las diferencias generen roces por sí misma. Los sectores nativos también logran percibir la llegada rápida de costumbres, idiomas, religiones distintas como una amenaza hacia su identidad.
Si los dominicanos no se deciden a enfrentar, con sus propias manos, esta difícil situación, serán los propios haitianos, y esto sí que es peligroso, los propios haitianos los que tendrán que reclamar, derechos, salubridad, empleos, seguridad, su legalización, mejores condiciones de vida y hasta incursionar en la política con candidatos propios.
Tal vez muchos esperan que la comunidad internacional plantee soluciones, ayude al país al resolver el problema, pero mientras esto llega el país se llena de haitianos, y estos haitianos desplazan a los dominicanos de los trabajos, de los hospitales de las escuelas, acaban con la flora y la fauna, con ríos y montañas y delinquen para subsistir.
No son ni dos ni tres los haitianos que cruzan la frontera diariamente, ni dos ni tres veces que se deportan haitianos hacia su país y hoy en día, en nuestro territorio se estima una población de más de 4 millones de haitianos, y contando, procreando familias, consumiendo alimentos y medicinas y ocupando terrenos y viviendas en una actitud de desplazamiento de dominicanos.
Los dominicanos no deben esperar que les coja la noche, ya no hay mañana, esta inmigración irregular de haitianos es cada vez más preocupante, cada vez más difícil de resolver y sin lugar a dudas cada vez más lejana la solución a los problemas de gobernabilidad del hermano país de Haití. Los problemas grandes exigen grandes sacrificios y altos costos.
En cuanto a las autoridades dominicanas son nuestras recomendaciones el no permitir que transiten haitianos ilegales, por las calles de las ciudades y campos de la República Dominicana, exigir y sancionar a empresas nacionales en lo relativo a la contratación de haitianos para construcción o labores agrícola.
Hay que regularizar, establecer sanciones y crear mecanismo, cuasi prohibitivos, para la compra o alquiler, de terrenos, viviendas, vehículos, teléfonos, armas de fuego y sustancias alucinógena, así también exigir, a esos ilegales haitianos, respeto, y cumplimiento a nuestras leyes y costumbres establecidas y, de no ser así, más temprano que tarde perderemos la patria, la soberanía, nuestra verdadera identidad y entonces ya no habrán más que infructuosas lamentaciones.
jpm-am
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